El trabajo de un río es fluir. Sus riberas pueden ser hermosas o desagradables; su corriente puede ser fuerte o lenta; sus aguas pueden reflejar las flores de la primaverales o los helechos veraniegos; en ellas pueden flotar las hojas muertas del otoño o pueden quedar cubiertas por el hielo invernal, pero debe seguir corriendo. Arroyuelo ruidoso y saltarín en su juventud, río majestuoso en su edad madura, tan profundo que permite el paso de barcos y se introduce sin temor en el mar, desde su nacimiento hasta el fin de su trabajo consiste en fluir. Aquí los remolinos parece que lo hicieran retroceder; más allá encuentra la oposición de una faja de tierra, pero la corriente principal sigue persistente su camino como si fuera de la mano del destino.
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